Me he preguntado mil veces por dónde empezaría esta historia, mi historia, la de mi vida. En qué momento empezó a dirigirse hasta el punto donde me encuentro ahora? Son tantas las opciones, tantos recuerdos de palabras, gestos que seguramente me han marcado para siempre, y casi todos tristes, angustiosos, solitarios.
Sin embargo, una pequeña chispa me sacó de ese enjambre. Esta historia, Mi Historia, empieza aquí:
Es seis de junio del año 2013. Como cada mañana, pero antes de lo habitual, Él me trae el desayuno a la cama. Hoy es un día especial, irrepetible y emocionante, por eso junto al café en lugar de las rutinarias tostadas, relucen un par de cruasanes recién hechos, con el color del huevo, la mantequilla y el azúcar tostado que tanto me gusta. Nos miramos nerviosos, hablamos de lo que nos espera, nos abrazamos, está lista la maleta? no nos dejamos nada, no? Son las ocho, nos subimos al coche, allá vamos.
Seis horas y cuarenta y cinco minutos después, abrazábamos por fin a nuestra primera hija. Tan pequeña y frágil, pero llorando con fuerza, haciéndole saber al mundo que estaba ahí, inocente, curiosa, valiente.
Ese fué sin duda el instante en que mi vida tomó este rumbo. Hoy, catorce meses después, estoy aquí tratanto de comprender para aprender, entender qué fué todo aquello que me marcó, todos esos recuerdos agrios con los que he ido creciendo, forjándome una historia de heridas escondidas, culpas autoimpuestas por tanta crítica rutinaria, imágenes que ni se comprenden ni se borran.
Hoy además de hija soy madre. Cada día, con cada pequeño gesto de Ella trato de deshacer alguno de esos nudos del pasado, con cada sonrisa franca y limpia que me regala me devuelve un poco de la inocencia que olvidé antes de tiempo. La frágil inocencia de un niño, a la que el mundo amenaza cada día, la que unos padres deberían defender cada instante.
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